Saludo a las mujeres de Chile en estos difíciles días

Un comentario

  • Romina Valenzuela comento el 12 Marzo 2010 a las 6:00 am

    Sr. Marco Enriquez-Ominami:

    Disculpe mi exceso de patudez al escribir estas líneas… lo hago porque estoy absolutamente desesperada y creo en Usted como un fiel cómplice de esta causa desesperada:
    Le cuento, me llamo Romina Valenzuela y sufro de depresión tras la muerte de mi papito desde que tengo 11 años (actualmente 20). Amo a los animalitos con fervor… ¡Son las criaturas más nobles sobre la faz de la tierra! No contaminan, no mienten, no roban, no matan, no destruyen y sólo saben dar y recibir amor…
    Sucede que con mi mamá, una vez pasando por fuera de una tienda del Persa Departamental, vi a un perrito muy pequeño tras una vitrina y eso me partió el corazón (¿Algo más detestable que comercializar con seres vivos?)… Mamá al verme tan afectada, preguntó cuánto costaba el perrito y la vendedora mencionó una cifra muy alta… ya que se trataba de un perro de raza, y el bla bla blá pertinente. Yo me quedé mirándolo por largas horas, mientras mamá volvió a la casa… y regresó al lugar donde nos encontrábamos el perrito y yo… y cual fue mi sorpresa cuando lo compró luego de regatear bastante. Sucede que mi psiquiatra le recomendó que me regalara un perrito como terapia alternativa al tratamiento farmacológico y a las psicoterapias… y ella con mucho esfuerzo estuvo juntando plata durante un largo período de tiempo… Gracias a este chiquitín (mi angelito peludo…), poco a poco, logré dejar el tratamiento farmacológico y en algún minuto él -no sé cómo, ni cuándo- se convirtió en mi razón de vivir…
    Desgraciadamente el 12 de Febrero, le encargué mi hijito-perro a mamá durante dos minutos y unas personas en el balneario de Costa Azul se lo robaron (…)
    Estoy deshecha, desesperada, de manos atadas, sin a quien recurrir, todo esfuerzo es en vano (ya que desde esa misma tarde puse carteles por todo el Litoral Central y también en las micros del sector)… y nada. No ha pasado nada. Hoy se cumple un mes. Le juro que estoy desesperada… ese chicoco precioso es mi fuerza de cada día y no sé qué voy a hacer… Entraré a la Universidad a una carrera nueva, Gracias a Dios con una beca bajo el brazo, y temo perderlo todo… Beni, mi perrito, es la compensación de lo que me hace falta de mi papá… es mi terapia y mi ángel.
    Por favor, Usted que tiene voz… ayúdeme un poquito. Se lo suplico…
    Habiendo tanto perrito callejero que muere por tener un hogar y estos horribles flaites me roban a mi guagua sólo por ser de raza… :(
    Sé que Usted escucha (lee, en este caso)… Écheme una manito, se lo suplico, Sr. Marco. Sé que Usted es una persona noble y con mucha cultura… y que desde luego, no hará caso omiso ante el tema…
    Dios lo bendiga a Usted y familia!

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